lunes, 28 de abril de 2008

Especial Eugenio

El humor español, no se porqué, se ha caracterizado siempre por las parejas: Tip y Coll, Martes y Trece, Cruz y Raya, Los Morancos. Otra de las características del humor español ha sido siempre el histrionismo, la imitación de personajes famosos (Raphael, Julio Iglesias, Lola Flores, Rocío Jurado, Carmen Sevilla,...), el vestirse de mujer, de gitana con vestido de faralaes. Fuera de esta tendencia quedaban fuera dos humoristas: Gila y Eugenio.

Gila no contaba chistes, no era el clásico cuentachistes. El creaba situaciones absurdas, como aquella que decía que las casas de antes eran más grandes, que hasta se oía el eco, o que cuando mamá nos encontraba, decía: tu estás más alto, ¡como has crecido! Gila inventaba situaciones y las llevaba al absurdo. Era falsear la realidad llevandola hasta los extremos más insospechados.

Sin embargo Eugenio tenía una técnica diferente. Vestido de enteramente de negro (¿hasta los calzoncillos?), sentado en un taburete alto, con una mesita alta a su lado con un vaso alto con alguna bebida (¿alcohólica?), con un cenicero al lado, y siempre con un pitillo en la mano, se limitaba a contar chistes de los que se oían por la calle. Siempre serio, con cara hasta a veces triste, siempre empezaba sus chistes con: "Saben aquel que diu ...".

Yo siempre me asombré de que un tipo vestido de funerario, con cara seria y que parecía un poco amargado, que nunca reía o articulaba un gesto (parecía que llevaba una máscara) y que tenía tan poca expresividad en su rostro (además medio oculto por su barba) como una momía egipcia, fuera capaz de levantar tantas risas.

Cuando en cualquier programa nocturno de variedades con canciones y bailarinas enseñando los muslos, salía Eugenio, siempre alguien mandaba callar a los demás. "Shhh... Callad, que sale Eugenio!"



Muerte pot tabaco









A la luna de valencia







El eclipse







Chistes variados











Aznar imitando a Eugenio











De pipas










Una de pipas









A la gandola











Uno de los chistes míticos de Eugenio.

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